OBESIDAD INFANTIL

La obesidad no es exclusiva de ciertos grupos de edad. Cada vez es más frecuente en los niños, que adoptan estilos de vida muy sedentarios y, mantienen una alimentación muy poco equilibrada, y esto es un verdadero problema, ya que en un gran porcentaje de casos, el niño obeso será un adulto obeso, con todas las secuelas que la obesidad conlleva. Nuestro país ha sufrido grandes cambios en las últimas décadas, que han repercutido drásticamente y directamente, en la manera de alimentarse de nuestros ciudadanos. España ha experimentado lo que se denomina una “transición nutricional”. Se trata de una secuencia de modificaciones, tanto cuantitativas como cualitativas, en la alimentación, relacionadas con cambios económicos, sociales, demográficos y con factores de salud.

Además de todo esto, podemos añadir, que con frecuencia el acto de comer, adquiere un valor y un sentido de gratificación emocional, para la persona, independiente de las necesidades calóricas que realmente tiene. Asociamos de forma subliminal, comer y beber, con estados anímicos positivos y, por eso, cuando no nos sentimos bien lo compensamos comiendo o bebiendo más de la cuenta, independientemente de que no tengamos apetito, y en contra de nuestro raciocinio y nuestra salud. También la comida, en muchos casos, es utilizada por los padres para premiar a sus hijos.

Una alimentación y nutrición adecuada, es muy importante en todas las etapas de la vida, pero particularmente, es importantísima a lo largo de toda la etapa de la infancia.

La dieta de los niños y adolescentes españoles, se caracteriza por un exceso de carnes, embutidos, lácteos y alimentos con alta densidad energética, como productos de bollería y bebidas carbonatadas (ricos en grasas y azúcares refinados, respectivamente) y por un déficit en la ingesta de frutas, verduras y cereales.

Una de las causas importantes, de la obesidad infantil, es el cambio de hábitos, sobre todo el cambio de hábitos que hacen referencia a la alimentación y al sedentarismo. Los niños, en gran parte por influencia de los padres, dejan de consumir o reducen al máximo, el consumo de verduras, frutas, pescado y legumbres, y pasan a consumir una mayor cantidad de comida rápida, bollería, chucherías, etc., por lo tanto, las dietas tradicionales han sido reemplazadas rápidamente por otras, con una mayor densidad energética, lo que significa más grasa, principalmente de origen animal, y más azúcar añadido en los alimentos, unido a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra.

Estos cambios alimentarios, se combinan con cambios de conductas, que suponen una reducción de la actividad física, lo cual conlleva a una vida bastante sedentaria, se ha pasado de las actividades físicas tradicionales, a una vida sedentaria, en la que las actividades favoritas de los niños han pasado a ser la televisión, los ordenadores y los videojuegos.

Los peligros de la obesidad infantil son muchos:

  • Problemas físicos: diabetes tipo II, hipertensión, hipercolesterolemia, trastornos hepáticos, y otras consecuencias, como fatiga al mínimo esfuerzo, estrías, etc.

  • Problemas psicológicos: baja autoestima, estigma social, inseguridad, etc. y otros problemas como la discriminación escolar, discriminación social, etc.

Por lo tanto, inculcar a nuestros hijos unos buenos hábitos alimenticios y, fomentar su actividad física como el deporte, juegos que requieran de una actividad física, paseos, excursiones, etc., es fundamental para prevenir o remediar su obesidad.

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